sábado 17 de diciembre de 2011

El llamado de la Montaña:

Ascensión de dos novatos al Cerro Alto de la Mina. Cumbres Calchaquíes. Tucumán. 4700msnm

Marzo 2005.-


Anhelo. Incertidumbre. Insomnio. Charlas y charlas, mates de por medio, conjeturando si será mejor avanzar por aquí o por allá; si demoraremos más o menos; si seria conveniente, o posible, establecer el base en aquel punto; el campo 1 sin duda a la par de las vegas; y los acarreos de los que nos hablan serán muy complicados?... este filo cumbrero será seguro?... este faldeo no parece complicado… y el ataque a cumbre?… tanta discusión quizá era para practicar todo aquel vocabulario nuevo y fantástico.


Lo cierto es que preparar una salida, sobre todo cuando somos novatos, es ya de por si una aventura. Cada 10 minutos aparece en mi mente la montaña, los números, los cálculos, el equipo, la imagen de ese mapa (un croquis… vaya a saber quien lo hizo!)…

Encontraremos agua en las vegas?... Llevamos mucho equipo?... Alcanzara la comida?... Las raciones de marcha?... Esta ruta será muy complicada?... Tantas preguntas…

Para nosotros el cerro Alto de la Mina era alcanzar un gran objetivo, era descubrir la montaña y el montañismo.

Habíamos estado frente a él en el año 2004 y nos entusiasmaba desde entonces el alcanzar su cumbre, era como un imán, era la última materia de la “tecnicatura en media montaña”, luego podríamos aspirar a más…

Solo contábamos con aquella experiencia en El Negrito y algunas salidas al Taficillo, que con sus casi 2.000 m.s.n.m nos sirvió de ensayo para este momento tan ansiado.

Y llego el día de partir. Como en nuestra anterior visita a El Infiernillo Luis no se había sentido cómodo, teníamos previsto viajar hasta ahí la noche previa a la subida, de modo que aquella noche a 3.042 m.s.n.m nos vaya ayudando a aclimatar.

Una vez arribados al puesto de El Infiernillo (un refugio a orilla de la ruta) tendimos nuestras bolsas de dormir en el suelo para disfrutar aquel cielo lleno de estrellas, y unos minutos mas tarde, preparamos una reparadora sopa con fideos.

Por supuesto que a estas alturas, todas aquellas incógnitas, seguían merodeando nuestros pensamientos, y aun, con mas insistencia.

Luchando con aquellos pensamientos, sobre todo con aquellos que eran pesimistas, tratamos de conciliar el sueño en aquella primera noche. Así se vive la emoción de lo que uno empieza a explorar, a descubrir con los propios sentidos.

Por la mañana, fresca por cierto, para dar ese tinte especial al escenario, nos levantamos con tantas ganas de enfrentar todo aquello.

Un te bien caliente para mí y una infusión con hojas de coca para Luis, fue nuestro desayuno. En un momento, como de repente, estábamos ahí; enfrentados a la cuesta que nos conducía montaña arriba, en uno de los extremos de la ruta que habíamos trazado sobre los mapas y bosquejos, y debíamos guiar nuestros pasos, poco a poco, hacia esa hermosa pero no fácil meta.

No bien empezamos a caminar, metros mas arriba, quizá 1km apenas andado, Luis, que no estaba bien, comenzó a sentirse realmente mal sin duda por la altura.

El quería volverse, pero descansamos ahí: “tenemos tiempo, aguanta, ya va a pasar el malestar, no es nada para preocuparse”, le decía, y nos tendimos en los pajonales como dos horas, quizá un poco mas. Ahí aproveche para hacer una pequeña ofrenda a la “Pacha” con hojas de coca y agua de la que llevábamos para beber.

Luis ni bien comenzó a sentirse mejor, ya estaba hablando de si podríamos recuperar el tiempo que estábamos perdiendo… -Eso carajo!!! Eso quería escuchar!!!

Tipo 10 de la mañana, espesamos lentamente a encontrar el ritmo de marcha, tranquilos, como para que no nos vuelva a entrar el mal de la montaña.

El resto de esa jornada fue tranquila; esfuerzo sostenido y paciencia, nos acercaron hasta el campo 1. Esta parte ya la conocíamos, pues para subir a El Negrito habíamos usado la misma ruta, sin embargo, había sido tan distinto de aquella vez que nos dábamos cuenta de lo impredecible que puede resultar una jornada por más que transitemos por el mismo camino.

Ahora debíamos dedicarnos a descansar. La segunda noche, quizá por sentirnos mas cerca o por el cansancio, dormimos tranquilos, menos aturdidos por las incógnitas y las ideas que ya en este primer día se esfumaban y nos habían demostrado que no podíamos programar absolutamente todo, debíamos dejar que los hechos se presenten y tener claro como proceder, nos dimos cuenta de lo muy importante que eran las decisiones que se toman a lo largo de la marcha.

Un nuevo despertar dentro de las bolsas de dormir. Con un brazo un poco amortiguado, por la posición que no es fácil encontrar, me reincorporo con pereza.

Un esplendido día por delante, nos dedicamos a preparar el desayuno, y mientras, desarmar campamento.

Con cero grados y a las 10 hs, nos disponemos una vez más a continuar el camino.

Que fantástico momento el de entrar en marcha y comenzar a experimentar todo el complejo accionar de nuestro cuerpo: Respiración cada vez mas profunda, latidos que con un poco de atención repican en todo el cuerpo, y luego, lo tenemos metido en los oídos, agitación!; por favor un descanso aquí!, y pronto empieza el circuito nuevamente.

Más arriba, ya como a 4200 m.s.n.m, bordeando los faldeos de El Negrito, una espléndida vista hacia el oeste, las lagunas de Huaca Huasi, que estaban llenas de agua.

La ruta elegida era una ruta bastante exigente, directísima, como me la había calificado mi primo que ya estaba bien iniciado en el montañismo. El me dijo, cuando le conté la experiencia, que esta ruta solo la había hecho el “Tano Bocini”, un ávido montañista del CAT (Club Andino Tucumán).

Debíamos perder y volver a ganar varios metros en dos quebradas consecutivas, para encontrarnos, por fin, con el faldeo que nos daría paso al filo cumbrero, y una vez en él, con un ultimo esfuerzo, nos encontraríamos por fin en la cumbre sur del cerro Alto de la Mina.

Durante nuestro segundo día de marcha, el ritmo de la caminata fue parejo y de buenos tiempos en general, de hecho, cuando menos nos dimos cuenta, estábamos frente al objetivo. Eran las tres de la tarde. Estamos en la quebrada del matadero, hay abundante agua aquí. Es el lugar ideal para establecer el campo base. La idea original contemplaba quedarnos el resto del día en el campamento aclimatando, pero los novatos tomaron otra decisión: Atacar la cumbre ese mismo día.

Lo veíamos tan cerca, y nos sentíamos tan bien...

La siguiente decisión fue dejar el equipo en el lugar elegido, pero sin montar campamento… pensábamos que si decidimos atacar no había que perder el tiempo para que nos alcance la luz del día.

Patas a la obra! Empezamos una dura caminata, en donde al comienzo, nos sentimos tan bien por el solo hecho de que ya no cargábamos el equipo en nuestras espaldas, solo una ligera mochila de ataque. Pronto esa diferencia empezó a no notarse tanto, hasta que por ultimo la sensación parecía ser idéntica a llevarlas puestas.

Piedras, y más piedras, cada vez más grandes, cada vez más inclinado…

Por momentos sentíamos el vértigo, nos parecía mas vertical de lo que era realmente?...

Y no podíamos ver nada en el horizonte, a donde esta la cumbre?!

El cansancio era un compañero más. Yo estoy cada vez con más sensaciones de apunamiento… la marcha se torna lenta y pesada, cada paso cuesta. Por favor quiero llegar, ya nos aprieta el horario y no vemos nada que parezca una cumbre… que hacemos? - Hay que seguir! No debe faltar mucho. Vamos!

Y así fue que seguimos, yo cada vez más apunado y con más ganas que nunca de llegar. En esos momentos si uno no esta preparado en su cabeza para esto de seguro pega la vuelta.

-Mirá! Ahí parece que ya estamos… si, si!!! Esa es la cumbre, a ver?… busca el libro de cumbre… ¿mmm? no ché, por aquí no se ve nada… pero esta apacheta… sí!, esta es la cumbre, venga ese abrazos mi viejo!!!

-Yo me siento mal así que rápido hagamos unas fotos y bajemos que estoy a punto de descomponerme…

La vista era impresionante, todo el este era un tapiz de nubes, además podíamos contemplar la altura de la pared este, que es pura piedra.

-Tenemos que subir por aquí alguna vez!

Abajo están los vestigios de las minas de granito que en algún momento explotaban para el empedrado de calles y demás.

Hacemos unas fotos rápidamente por que me sentía muy mal, aunque todo el entusiasmo de ese momento me hacia olvidar un poco de mis malestares, pero no aguante mucho y comenzamos el descenso casi de inmediato. Tengo grabado esos momentos profundamente en el corazón y en la mente, a pesar de que baje como pude, recuerdo que en un momento le digo a Luis: -Pará un rato… me tiro 5 minutos a descansar por que no llego a ningún lado…

Me tumbo de espaldas en las piedras y de repente Luis me pega el grito: ¡¡¡Mira!!! -señalando exactamente arriba y detrás mío- enseguida lo veo y lo “escucho”: un enorme y magnifico Cóndor que pasa cortando el aire a escasos metros por arriba nuestro, ¡MAGESTUOSO!, creo que no hay mejor palabra para definirlo.

Luego tenemos que continuar el descenso por que nos estamos quedando sin luz. Cuando llegamos al campamento, yo no tenia fuerzas para nada, y debíamos armarlo!. Luis, con algo de mi ayuda, tuvo que empezar a armar la carpa. Estaba oscureciendo. La verdad casi ni recuerdo como termine de meter mis cosas en la carpa y me tire en la bolsa, de inmediato quede dormido.

Aquí, compartiendo la incomodidad, no tan solo de espacio, sino también y sobre todo, la de soportarnos así maltrechos y con poco animo, descansamos en el lugar en donde la calidez del alma y la actitud de la mente, que nos queda al descubierto, podrán renovarnos para una nueva jornada.

Eran las 1 de la mañana cuando despierto, ya aliviado de los malestares, y con mucha hambre.

Encuentro un paquete de maní y papas fritas… el mejor menú a estas horas!

Luis tampoco había comido, solo un par de papas. Así que a esas horas comimos mientras charlamos de todo lo sucedido en estos últimos días, en la jornada que acababa de pasar. Parecía un sueño, pero había sido realidad.

Ya por la mañana, con -5ºC, luego de desayunar, desarmamos el campamento para emprender el descenso final, tan entusiasmados por haberlo logrado, bajamos en medio de charlas y mas proyectos, que sin darnos cuenta del paso del tiempo, transcurrió un hermoso día para cerrar estas interesante experiencia en la montaña.

Quizá todas estas vivencias son las que nos empujan año a año a seguir descubriendo estos horizontes de piedra que rematan en un cielo profundamente azul, a descubrirnos a nosotros mismos incluso.

Como consideraciones finales diré lo muy importante que resulta la evaluación de cada salida al regreso de la misma, y aun, luego de pasado mucho tiempo, para aprender de los aciertos y, sobre todo, de los errores. Algo que no debemos dejar de hacer nunca como ejercicio y para refrescar la memoria, y que nos ayudara seguramente a que una planificación tenga más posibilidades de éxito, mas allá de alcanzar o no una cumbre, esto es secundario.

Espero estas reflexiones ayuden a quien hoy está dando sus primeros pasos en este apasionante mundo y les aseguro que si analizan con cuidado antes de una salida y se divierten haciéndolo, el placer será doble. También se debe aprender a disfrutar más de las salidas, relajarse y darse tiempo, apresurarse muchas veces le resta emoción, y no sé porque muchas veces lo hacemos.

Hay que tener valor para enfrentar lo que no conocemos, pero tener la razón bien despierta para analizar la existencia de riesgos o amenazas. Descubramos la montaña con el suficiente valor como para esperar cuando no sea el momento, o dar la vuelta si fuese necesario.





Integrantes:
Luis Alberto Romero (27 años) Argentino
Juan Pablo Němec (27 años) Argentino


Juan Pablo Němec – grupo CAMME
Julio 2011


domingo 26 de diciembre de 2010

Ascenso a la cumbre sur del Nevado de Chuscha (5414 m.s.n.m.)


Del 23 al 28 de octubre de 2010.-

Luego de la última salida, que termino sin cumbre, estamos dispuestos a disfrutar la salida tanto como siempre. Y es que el verdadero placer de este deporte no debe pasar por lograr la cumbre, sino por saber disfrutar todo el desarrollo de la misma.
Arribamos a Colalao del Valle a las 16:30 aprox., nos esperaba Gustavo, un docente del pueblo, amigo de Benja, y que con muy buena gana nos hizo las veces de anfitrión. El ya había hablado con la directora de la Escuela de El Arbolar, pegadito a El Pichao, lugar desde el cual comenzaríamos la larga caminata en busca del Nevado y a quienes agradecemos de corazón.

Gustavo nos llevo en camioneta hasta la escuelita, distante de Colalao 7 km.

Aquella primera noche dormimos muy cómodamente en las instalaciones de aquella hermosa escuelita de montaña. Muy temprano, comenzamos los preparativos para arrancar la caminata a las 7 a.m.

La marcha durante este primer día fue buena, aunque, el camino bastante duro para hacerlo con todo el equipo en las espaldas. La senda, que va y viene constantemente, tiene vistas increíbles y se puede ver como ganamos altura paulatinamente. A las 18 hs arribamos a uno de los tantos puestos que están alzados en los lugares menos esperados del terreno. Allí pasamos la noche, evitando así el armado de carpa. La jornada fue dura y hay que reponer fuerzas. Mate dulce, con un toque de hojas de coca, y galletas con miel son ideales para el fin.
Luego de la comida nos disponemos a descansar en las bolsas, esperando que mañana podamos pasar al valle del Cajón, y tener una vista del Nevado.

Temprano por la mañana, comenzamos a armar las mochilas, y pronto estuvimos andando cuesta arriba una vez más.
Avanzamos por un arroyito, que pronto se tornaría complicado, y debimos montarnos por las laderas para tratar de hallar la senda. Al medio día salimos al abra de la Yareta, donde podíamos ver hacia el oeste el valle y el Nevado.

Comenzamos un descenso que se prolongo durante el resto del día, llegando hasta otro puesto, este era bastante grande, estaba formado por un grupo de 5 o 6 habitaciones que estaban la mayoría cerradas con candados, una de ellas llena de cueros de llamas, y además la cocina en donde pudimos armar las bolsas para pasar la noche.

Este puesto esta a orillas de un río.
Llego el tercer día de marcha, hoy pensamos en llegar hasta donde será el campamento base.

La caminata me pareció sumamente gratificante, reparadora se podría decir. Pero cuando llegamos al base, al medio día, me sentía apunado y debí moverme con sumo cuidado. Ahora solo queda disfrutar el resto del día y tratar de reponerse para un intento de cumbre. La idea era intentar mañana mismo la cumbre, y si no nos sentíamos bien, bajar y terminar de aclimatar, e intentar al día siguiente.

De más esta decir que el escenario es magnifico. El día esta calido, bastante calido.

Armamos por primera vez la carpa y nos metemos a descansar.

A eso de las 3 de la mañana comienza a soplar viento, que hasta el momento estaba ausente, y continuo soplando durante el resto del día.
Nos levantamos temprano con ansias de comenzar el ascenso, el día anterior estuvimos charlando largamente por donde hacer el ataque, eligiendo un contrafuerte que baja del lado izquierdo de la cumbre sur, viendo el Nevado desde el valle del Cajón (de este a oeste). Así procedimos, y a medida que subíamos sentíamos la altura. Lamentablemente Benja es el primero en sentir la desagradable sensación del apunamiento, pero ya estábamos montados en el filo de cumbre y Benja decide seguir. El viento es tremendo en el filo, estamos abrigados y atosigados por el viento. El avance comienza a ser lento debido al cansancio y a la puna. Con paciencia llegamos a las 14 hs a la cumbre sur del Nevado de Chuscha. Con sus 5414 m.s.n.m y su vista impresionante, es una experiencia increíble y un lugar único: logramos ver los Nevados del Aconquija, al frente la sierra del Cajón que habíamos cruzado unos días antes, el llamado Co. Colorado en el mismo sistema donde estábamos parados, mas al sur, y una amplia vista del oeste donde podíamos ver hacia el Galán y otros grandes cerros distantes en la cordillera.
Queríamos seguir pero, arribados a la cumbre también Alexis esta con puna. Yo estoy cansado y no estamos en horario para intentar seguir hasta la cumbre principal que esta frente a nosotros pero como a una hora o mas, la decisión es dura pero es obvio que debemos descender y así lo hicimos.

Como los chicos no están bien no hemos comido aun y en el descenso yo ya no doy mas, y tengo que parar para hacer unos bocados, porque ya no me están quedando reservas de combustible y falta mucho.
Descendimos por otro lado, inmediatamente al sur del contrafuerte por donde subimos hay un circo que forma la quebrada en donde esta el base. Abrupta y con acarreo suelto, la inclinada ladera nos va llevando abajo, con mucho cuidado bajamos un poco arrepentidos de haber optado por esta alternativa.

A las 18 hs estamos llegando al campamento. Descanso y charlas animadas nos distraen hasta llegada la hora de dormir.

Al amanecer estamos listos para el regreso.

Nunca imaginamos el tremendo trajín que nos esperaba, caminamos a buen ritmo y llegamos a las 23 hs a Colalao, pero con tremendo cansancio encima.

Sandwich de mila en mano y brindando con una cerveza bien helada sellamos esta increíble aventura en el Nevado del Chuscha. Salut!!!



Integrantes de la expedición:

Alexis Coronel (25)
Benjamin Straube (28)
Juan Pablo Němec (31)



Juan Pablo Němec – grupo CAMME
Cerro Alto de la Mina Montañismo y Exploración

Exploración e intento de ascenso al Co. Chimberí, Nevados del Aconquija, Tucumán.

Del 22 al 26 de agosto de 2010.-

En esta oportunidad, la propuesta era llegar al vestigio del otrora glaciar que modelo las laderas de la quebrada del río Cochuna, el glaciar Chimberí.

Para el cometido, teníamos entendido que podíamos llegar a dicha quebrada por dos lugares distintos: uno de ellos era desde Alpachiri, el cual requería algunos kilómetros mas de caminata; o también desde el campamento Samay Cochuna, ubicado en la base de la cuesta de “Las Lenguas” que sube con destino a Las Estancias, Catamarca.

Como el acercamiento al campamento base requería al menos 4 días de aproximación, y teniendo los días contados (como siempre), optamos por ir hasta el Cochuna y desde ahí, ganando algo de tiempo llegar al base.

Confiados en las indicaciones que nos dieron, (nos mandaron directamente por el río) comenzamos el avance que inmediatamente se tornaría lento y sumamente frío: era tremendo, pero “¡¡¡TREMENDO!!!”, cada cruce del río, con sus aguas heladas, y había que vadearlo una y otra vez. Quitarse las botas y enfrentar las aguas heladas era una labor cada vez mas aborrecida por nosotros. Por las orillas, encajonadas, no se podía andar mucho trecho. En fin, una ruta muy complicada. Pero la macana ya estaba hecha. Para cuando transcurrió el primer día, con suerte y mucho esmero, avanzamos la mitad del trayecto programado para esa primera jornada.

Al día siguiente el andar mejoro un poco, pero ciertos tramos estaban también con laderas deterioradas y se complicaba nuevamente el avance. Para el tercer día de marcha, como si nos faltase algo, entro la cerrazón, impidiendo tener la vista que necesitábamos para encaminar el ascenso. Fue tremendo el avance cuesta arriba desde el medio día hasta las 18:30 aprox. Para colmo se nos acaba el agua de las botellas y no hay signos de agua por aquí, recurrimos a los trucos de montañero, y recogemos agua con una toalla de los pastizales (no agrada ni el sabor ni el color, pero hidrata).

Yo había llegado bastante dolorido y cansado, la tremenda pendiente que subimos me había hecho revivir el malestar en mi rodilla derecha de una vieja tendinitis, y me estaba molestando.

El amanecer del cuarto día nos sorprende con la maravillosa vista tapizada de nubes al este, y el color increíble de las montañas frente a nosotros, cambiando de tonalidades al compás del amanecer. Pero yo estoy desanimado, dado que no me siento plenamente para encarar mas caminata con esta amenaza de tendinitis, además con suerte estamos a dos días del base, lugar donde deberíamos estar ya. Por si fuera poco mis botitas están al borde de romperse. Subimos solo muy poco mas, los chicos bajan a una quebradita medio complicada, pero que tiene agua. Nos hidratamos bien y decidimos que deberíamos regresar e intentar en algún otro momento este ascenso.


Es desagradable dar la vuelta sin haber llegado a donde se planeaba, pero la montaña seguirá ahí, será cuestión de darnos tiempo en algún momento e intentar nuevamente. Se que mis compañeros están mas sentidos que yo de regresar, ya que ellos están mejor físicamente y hubiesen podido encarar el ascenso mas rápidamente, pero queda claro que es fuerte la idea de grupo que prevalece entre la gente del CAMME, y en estas ocasiones es donde se puede valorar las actitudes de un verdadero compañero.

Emprendida la marcha cuesta abajo, llegando a un arroyo, la suerte otra vez esquiva, nos hace topar con un pequeño precipicio. Por una cornisa tratamos de cambiar de posición para un mejor descenso, pero mi suerte esta eclipsada por algún astro, y en el intento se desprende todo el suelo que me sustenta y me voy con él hacia donde la gravedad… unos casi tres metros de caída vertical, con mochila a espaldas! Un hermoso colchón de rocas me reciben abajo. Con suerte, a pesar del gran golpe, tengo solo rasguños, y dolor en una mano, pero luego de realizar los estudios no había nada serio.

Continuaríamos el descenso sin mas inconvenientes y dormimos en donde habíamos establecido el campamento 2.

Al día siguiente seguimos bajando, pero llegado el momento tomamos la ruta que nos llevaría a Alpachiri. Desde Laguna del Tesoro, planeábamos un ascenso futuro, y también pudimos charlar con don Domingo Yampa, cuidador de la estancia de la laguna. El resto del trayecto, largo, pero sin desafortunados sucesos, nos llevo hasta Alpachiri.

En las zona de selva se veían ramas de todos los portes quebradas por el peso de la nieve, que el último invierno fue inusualmente intenso.

Una experiencia mas en la montaña. Esta vez no pudimos lograr la cumbre, pero nos queda claro que disfrutamos totalmente la aventura y la experiencia siempre aporta cosas positivas y muchas anecdotas.





Integrantes de la expedición:

Alexis Coronel (24)

Benjamin Straube (28)

Juan Pablo Němec (31)



Juan Pablo Němec – grupo CAMME

Cerro Alto de la Mina Montañismo y Exploración

lunes 24 de mayo de 2010

Travesía en bicicleta hasta el puesto “Cerro Colorado”


(Valle de San Antonio del Cajón - Catamarca)
El día jueves 1 de abril de 2010 emprendíamos una travesía en bicicleta, con el fin de aproximarnos al pueblo de montaña denominado San Antonio del Cajón.
Sabíamos que necesitábamos tiempo, pero con los tres días que disponíamos decidimos avanzar cuanto se pudiera para conocer algo de estos lugares. Lamentablemente, empezamos demorados por que el trasporte que nos llevaría hasta Amaicha del Valle se retraso, llegamos a las 9:30 y todavía era necesario colocar el portaequipaje y alforjas de Seba que nos esperaba en Amaicha.
Hechos los últimos ajustes, recién pudimos comenzar a pedalear a las 11:00 hs, pero no pasaría mucho tiempo hasta encontrarnos con una dificultad, Benja rompe el pedal de su bici. Teníamos que llegar hasta Santa María para poder buscar una bicicleteria donde reparar el daño, pero no quedo otra alternativa más que comprar unos nuevos. Ya en marcha de nuevo, avanzamos hasta San José donde comimos como a las 14:00 hs. Poco después de comenzar la pedaleada empecé a sentir los efectos del no haber entrenado como corresponde y el cansancio acumulado en los últimos días. Varias veces debí obligar a mis compañeros a demorar la marcha y detenerme a recuperar fuerzas y elongar para reponer mis músculos entumecidos. En el últimos trayecto Benja picha una rueda. De a poco avanzamos hasta Pie de Medano, poco antes de tomar la ruta que se adentra en el Valle del Cajón.

Llegamos pasadas las 20:00 hs, poco antes presenciamos unos de esos instantes que te regala este tipo de actividades: andando ya con las ultimas luces del día, aparece frente a nuestra mirada, transitando hacia el horizonte, una enorme estrella fugaz, con una dimensión bastante mayor a cualquier otra que halla visto, con un entorno de flamas verde azuladas y dejando tras de sí una estela que terminaba siendo algo rojiza. ¡MARAVILLOSO!!!
Contentos por este momento inolvidable, buscamos un lugar retirado de la ruta para acampar. Ya instalado el campamento nos dispusimos a pelear por quien cocinaría; perdió Seba que hizo una espectacular polenta. Como para cerrar el día, un regalito más: sobre los Nevados del Aconquija empieza a azomar la enorme luna, que hace un par de días estaba llena.
Sencillamente hermoso, solo faltaba la nieve en las cimas (que hace varios años viene mermando) para tener la imagen  completa de su nombre, muy bien elegido por los pobladores originarios, que llamaron Akon Quilla a esta fabulosa cadena montañosa, y que significa “en las alturas, la nieve y la luna juntas”. Ya podíamos dormir tranquilos.
Por la mañana nos dedicamos a caminar hasta el río Santa María que corre a unos 100 metros de donde acampamos, tomar algunas fotos y lavar los cacharros donde cocinamos y desayunamos. Luego empezamos a desmontar el campamento.
Estábamos de nuevo en la ruta a las 10:00 hs. Si, bastante tarde. Comenzamos a andar y pronto nos daríamos cuenta que avanzar por ese camino de “tierra” seria complicado.
El camino esta en mal estado, lleno de serruchos (olitas) en las partes más consolidadas, y por otro lado, la otra cara del camino, trechos arenosos. “Bastante entretenida la cosa”. Pero, como dice el dicho “al mal tiempo buena cara”. Tomamos aire, pensamos en otras cosas y a pedalear! Pacientemente avanzábamos valle adentro.

En la parada del almuerzo subí a un medano cercano y tome unas fotos del Nevado de Chuscha, uno de los objetivos fijados dentro de la agenda del grupo. Hermoso y lejano se alzaba, este sí, con sus laderas blancas. Juntamos agua del río, que baja turbia, y con métodos precarios la filtramos como para darle un mejor aspecto, más bien un engaño psicológico para pasarla mejor. Avanzamos hasta llegar al puesto de “Cerro Colorado”, 4 Km. antes de Lampacito, a donde llegamos a las 19:00 hs aproximadamente. En el puesto no había nadie, pero tiene el aspecto de estar ocupado, por lo que decidimos esperar a sus dueños antes de instalarnos cerca. Mientras que hicimos una picada como merienda, aparece Don Dionisio Gervan, amable lugareño dueño de aquel puesto, que viene trayendo sus cabras y ovejas al corral. Luego de entablar una amena charla, Don Dionisio nos da hospedaje en su calida morada. Una hora mas tarde unas tímidas nubes que se habían formado hacia el sur, se trasforman en enormes cúmulos que emiten intimidantes relámpagos: “Esta lloviendo en Belén” asevera Don Dionisio, “ya la luna esta cediendo, va traer agua también para estos lados, quizá mañana”.

Esa noche dormimos en casa de Don Gervan, en la habitación colgaban 4 cueros de Pumas, “cuereados” hace unos meses: “Los Leones me comen de a 12 y mas bichitos”, refiriéndose a sus ovejas y cabras. Parece que en la zona hay bastantes, y Dionisio asegura que ya no quiere salir a cazarlos por que a su edad (64 años) no es nada sencillo y se arriesga mucho. Por la mañana, temprano, nos levantamos y el cielo estaba cubierto de nubes grises, no llueve, pero se siente una pequeña “garuba”: una llovizna muy suave. La temperatura descendió bastante. Luego del desayuno empezamos a montar las alforjas nuevamente en las bicis. Antes de partir, aparece una camioneta que viene de La Hoyada. Están marcando animales y nos invitan, porque es una fiesta local. Además, nos dicen: “el 20 de marzo es el festival del Burro, una fiesta en La Hoyada a la cual concurre todo el valle, cuando puedan lléguense que les va a encantar”. Maravillados con la vida del valle, tenemos que tomar la dura decisión de regresar.

Durante el regreso el camino ayuda un poquito más, pero de todas maneras el avance es lento. Cuando llegamos a la ruta 40 el avance fue mucho más rápido y nos encontramos con pequeños aguaceros que nos acompañaron esporádicamente hasta llegar a San José, donde decidimos esperar el colectivo a San Miguel de Tucumán. Cartas en manos, durante la espera, pasamos el tiempo hasta abordar el colectivo.

Una aventura más! esta, sobre ruedas.
Yo hice mi ultima travesía en bici en el año 2004, y esta experiencia realmente me lleno de alegría y recordé esos viejos tiempos.
Gracias a mis compañeros de viajes que supieron tenerme paciencia en tantos tramos en los que me quedaba atrás!!



Integrantes
Sebastian Mamani Segura
Benjamin Straube
Juan Pablo Němec

Juan Pablo Němec - Grupo CAMME 
Cerro Alto de la Mina Montañismo y Exploración.

martes 3 de noviembre de 2009

Exploración y ascenso a los cerros Bolsón y Filo de las Animas cumbre oeste. Nevados del Aconquija. Catamarca/Tucumán.


(19 al 25 de octubre de 2009 / grupo CAMME)

Una vez mas el llamado de la montaña nos impulsa a la búsqueda de sus cumbres. Comenzamos una exploración que ya estaba programada hace tiempo. Quebrada El Desmonte, río Ampajango: eran la vía de aproximación a explorar hacia los cerros Bolsón y Filo de las Ánimas, entre otros. La primera etapa de la exploración era de escritorio y fue bastante charlada y discutida por todos los integrantes de la salida. Cabe destacar que el análisis tuvo un excelente resultado ya que prácticamente no tuvimos ningún inconveniente con lo programado y el desarrollo en si de esta aventura resulto de acuerdo a lo planteado.



El día 19 de octubre de 2009 a las 14 hs partimos desde la terminal de San Miguel de Tucumán hacia la localidad de San José en el departamento catamarqueño de Santa María. Desde aquí debíamos trasladarnos hasta Ampajango, a donde llegamos ese mismo día a hs 20:10. Solo debíamos caminar casi 1 km hasta una represa que encausa las aguas del rio homónimo para ser aprovechada en las localidades aledañas.
Luego de hacer noche en este lugar, a 2200 msnm, comenzaríamos el ascenso que seria paulatino en los primeros días.


Luego de una extensa primer jornada llegaríamos al campamento 1 “Peña blanca”, a la cota de los 2700 msnm, siempre siguiendo el cause del rio Ampajango que debimos vadear en reiteradas oportunidades.
El rio nos brindaba lo indispensable: agua pura y fresca que nos permitió desarrollar la caminata sin sufrir tanto el agobiante calor y esfuerzo. Sin embargo el andar sobre su lecho tenía la desventaja de no poder mantener un paso cómodo debido a la irregularidad de ese tipo de terreno: arena, piedras de todos los tamaños, algunas mas altas que nosotros mismos, y que en ocasiones eran el paso obligado para seguir adelante.


Durante la segunda jornada el camino se encajonaba en algunas partes pero sin resultar demasiado complicado, a excepción de algunas zonas con derrumbes. Sin embargo a las 17 hs llegaríamos hasta el campamento 2 “Puesto de arriba”, a 3500 msnm. Aún no se sentía frio, el viento no era más que una brisa. Por la mañana llegarían por primera vez a sentirse los cero grados a las 8 am, luego, ni bien comenzaba a darnos el sol la temperatura subía rápidamente.
Durante la tercera y última jornada de aproximación al campo base, seria mas marcado el ascenso y llegaríamos hasta los 4400 msnm a las 14 hs, permitiéndonos usar todo el resto de esta jornada para reponernos y prepararnos para el ataque a las cumbres. El lugar increíble!



El día viernes 23 de octubre de 2009 fue el día elegido para atacar la cumbre del cerro “Bolsón”(o “Bolsón Chico”) y el “Filo de las Animas”, nos despertamos temprano con unos -4ºC pero con un prometedor día por delante, despejado y ya apuntando el sol.
El ascenso gradual y cada vez mas marcado comenzaría a las 8:40 hs. La ruta estaba pactada por la quebrada “Laguna Verde”, donde estaba ubicado nuestro campo base desde el día anterior. Quebrada arriba, a una altura de 4700 msnm aprox., comenzamos a montarnos sobre el acarreo mismo de un faldeo  que, paralelo al contrafuerte del Morro del Bolsón, sube acercándonos a la cumbre del cerro Bolsón. Aquí comenzaba a complicarse el camino, con la presencia insistente de acarreos inestables, debiendo ser cuidadosos en cada paso.
Poco a poco, como se debe hacer a estas alturas, ganábamos metros rumbo a la cumbre. Con cada avance una nueva y espectacular vista se abría ante nuestro exaltado espíritu. Recordaba una frase del montañista Maurice Maeterlinck: “Nuestros pensamientos y acciones toman su energía y su forma de aquello que hemos contemplado”.



A las 12:20 hs estábamos ya reunidos los tres en aquella cumbre de 5076 msnm, que guarda celosamente y con silencio absoluto el pasado de estas alturas. Los abrazos y el asombro que nunca termina. La Calasasaya de las ruinas de la Ciudacita, toda la amplitud de la llanura Tucumana, Campo del Arenal, Cuesta de las lenguas, Cochuna, Ambato, Nevado de Chuscha, las lagunas y cumbres vecinas, cordillera lejana, silencio, altura y un cielo profundamente azul.




Desde aquí estábamos bien ubicados para dirigirnos al cerro Filo de las Ánimas. Descendimos hasta el abra que se forma entre estos y comimos algo antes de seguir. Benja no se siente bien; ya antes de llegar a la cumbre del Bolsón viene sintiendo los efectos de la altura y  al comer decididamente esta mal para continuar y resuelve bajar y esperarnos en la base del cerro, en la quebrada “de las Animas”, por donde realizaremos el descenso al campamento base.
Continuamos Alexis y yo, que luego de dos horas de esfuerzo sostenido alcanzaríamos también la cumbre oeste del Filo de las Animas, a las 15:35 hs, con sus 5130 msnm nos cautiva una vez mas con una nueva perspectiva de la zona, llegando ahora a ver además al cerro Ñuñorco y una parte del dique La Angostura.



Intentamos seguir por el filo hacia la cumbre central que no estaba lejos, pero el filo es muy complicado, hacia ambos lados se abre un abrupto precipicio, y el filo en si esta lleno de guijarros y bloques nada estables. Sin embargo continuamos hasta una pequeña cima del filo, que no resulto ser la cumbre. Yo tenía claros síntomas de apunamiento y me sentía agobiado. Alexis coincidió en que era tiempo de regresar.
El regreso no fue menos exigente, al menos para mí, que me sentía cada vez mas cansado. En el lugar de encuentro con Benja, tuve que darme espacio para tratar de recuperar algo de ánimo para seguir.
Por fin a las 19 hs aprox. pudimos meternos en nuestras bolsas de dormir para terminar de reponernos.
Nos restaba el descenso que emprenderíamos al día siguiente. Mate cebado y compartiendo las anécdotas e impresiones personales, comenzamos el día 24 de octubre, para luego desarmar el campamento y comenzar la bajada por idéntica ruta.


En ambas cumbres había apachetas, pero en ninguna encontramos libros de cumbre que registren alguna ascensión, de todas maneras la sola presencia de aquellas apachetas señalan sin duda la presencia del hombre en estas alturas. En el cerro Bolsón acompañaban la apacheta algunas leñas muy viejas, que personalmente, sostengo que pobladores originarios son los responsables de su presencia.
En las dos cimas dejamos un libro de cumbre con nuestros testimonios, y este, dentro de un recipiente para resguardarlo de la intemperie.
Toda la zona recorrida asombra por los tesoros naturales y arqueológicos que pueden admirarse con un poco de atención. Kilómetros de ruinas en las márgenes del rio Ampajango, en la zona entre los 2000 hasta los 3300 msnm, e incluso algunas estructuras, varias de ellas reocupadas por los actuales pobladores, en las zonas altas.



La flora, integrada por Cardones y otras cactáceas, Jarillas, Algarrobos, Zarzos, Espinillos, entre otros; en las zonas mas bajas, y pastizales de altura, algunas especies de cactus, Yareta, etc; en la zonas de altura.

Entre la fauna siempre presente vimos Guanacos, Cóndores y Chinchillones. Además tuvimos oportunidad de observar al majestuoso Colibrí Gigante, al Pato de Torrente, al Comesebo Andino y al Carpintero de los Cardones, entre las aves del lugar. También vimos los rastros de tres animales difíciles de ver en la zona: excremento de Puma, huellas de Tarucas o Venados y lo que no estábamos muy seguros pero parecían huellas del Gato Andino sobre arena en zonas profundas de la quebrada de las Ánimas.
Los nevados, sin duda, son un lugar extraordinariamente cargado de mítica y conservan tesoros de gran valor que debiéramos preservar.


Un saludo y enorme agradecimiento a Don Villanueva, uno de los amables pobladores de la zona que charlo y compartió su sabiduría con nosotros.




Integrantes de la Expedición

Alexis Coronel (24 años)
Benjamín Straube (27 años)
Juan Pablo Nemec (30 años)



Juan Pablo Nemec – grupo CAMME
Cerro Alto de la Mina Montañismo y Exploración

lunes 19 de octubre de 2009

Ascenso al Cerro Ñuñorco 3321 m.s.n.m

13 al 15 de Octubre de 2009



Día 1
 La aventura comenzó el martes 13 de octubre a las 10:30 am aproximadamente, luego de dar aviso en la comisaria de la comuna de el Mollar respecto de nuestra expedición hacia la cumbre.
Iniciamos la travesía previas indicaciones de los lugareños quienes amablemente nos indicaron cual era el camino a seguir para iniciar la trepada.
El tiempo se presentaba diáfano y con un alto grado de insolación que posteriormente por factores geográficos de altitud permitió que la temperatura descendiera. 



Semanas antes el Ñuñorco se vio afectado por un incendio que arrasó con gran parte de su vegetación, no permitiéndonos encontrar fácilmente el sendero, lo que ocasiono que por momentos perdiéramos la huella, viéndonos obligados a buscar una vía alternativa.
Dispuestos de equipamiento adecuado (mochilas de 40 y 90 litros, bastones, ropa de trekk y demás),  ascendimos llevando un ritmo que nos permitiera disfrutar del paisaje: ladera abrupta, árida y rocosa, con una vegetación típica con bosques montano de alisos y la presencia de algunas Queñoas, arbustos bajos, algunas especies de cactus y pastizales de altura.






Sin distanciarnos y cuidando el uno del otro, llegamos a las 16 hs donde fuera antes un puesto de pastores, este se encontraba totalmente destruido, pero sin embargo los restos de los que fueron sus muros nos brindaron protección de los fuertes vientos que se sucederían por las diferencias de presión atmosférica. Armamos campamento y nos dispusimos a relevar el lugar, sacar fotos, y por supuesto lo infaltable para levantar el espíritu de dos aventureros: brindar por la posibilidad de estar juntos en un lugar tan magnífico (Cervecita y palitos salados de por medio).





Entrada la noche y con claros síntomas de cansancio nos dispusimos a reponer fuerzas para así atacar la cumbre al día siguiente.
Día 2
Con una mañana fría típica de montaña, armamos equipo, desayunamos y partimos rumbo a la cumbre con muy poca provisión de agua debido a que las vegas y vertientes se hallaban secas lo que nos brindaba cierta incertidumbre de llegar a Cumbre, preocupándonos siempre por nuestro bienestar físico. La caminata se hizo por momentos muy dura, mas aun si tenemos en cuenta que no podíamos darnos el lujo de consumir mucha agua, tan solo lo justo y necesario, pero sin embargo la magnificencia del paisaje reinante provocó que por momentos no pensáramos en ello. 





Durante el ascenso, la altura, la dificultad del terreno e incluso el calor, hacían sentir  el cansancio en nosotros, yo particularmente me encontré por momentos físicamente agotado, debido seguramente a la caminata del día anterior y el peso del equipo que portábamos entonces, pero es de notar que la arenga y las constantes palabras de aliento de Becky, mi compañera en esta trepada levanto mi espíritu y me ayudó a llegar a cumbre de la mejor manera.





A las 12:30 p.m. aprox. llegamos a cumbre, cansados pero con buen ánimo, posterior abrazo y saludo, nos decidimos a disfrutar de un momento relajado, admirar el magnífico paisaje dominante, sacar fotos, meditar y descansar también para luego descender. Una vez encontrada la libreta de cumbre, dejamos testimonio de nuestro ascenso el cual quedara marcado en las líneas escritas en ella y en nuestras vidas.



A las 14 pm iniciamos el descenso, nuestro paso precavido pero ágil y rápido nos permitió descender en poco tiempo en dirección al campamento, es aquí donde mi compañera, sintió los efectos del agotamiento físico por la extenuante caminata de estos días. Es de notar que mas allá de las molestias físicas que la aquejaron Becky pudo sobreponerse y llegar al campamento base caminando por sus propios medios, demostrando lo capaz y valiente de su persona, algo que merece mi total admiración y respeto.





Llegados al campamento base, y viendo que nos quedaban pocas horas de luz, decidimos que lo mejor sería pasar la noche ahí, para recién bajar al Mollar a la mañana siguiente. Como nuestra provisión de agua era muy escasa, tuvimos que recolectar agua de una vertiente pequeña y casi seca, esta no nos inspiraba confianza por lo que tuvimos que filtrarla y posteriormente usar el calentador para hervirla durante varios minutos para recién poder preparar un reparador te caliente y posteriormente la cena: unos ricos fideos. Como todas las noches el frio y el viento se hicieron sentir, sin embargo nuestra carpa y bolsas de dormir nos brindaron el refugio necesario.
Día 3
Por la mañana del tercer día, esta nos sorprendió con la vista de un paisaje cubierto por la niebla, a medida que desarmábamos el campamento y armábamos las mochilas esta se fue disipando, el día se presentaba nublado y un poco frio, estas nubes vaticinaban una pronta lluvia. Una vez levantado el campamento, comenzamos la caminata a las 9 am, ya con más conocimiento del terreno, siempre atentos y cuidando el uno del otro caminamos a paso firme desandando el camino antes hecho para ascender. A medida que recorríamos el sendero no podíamos evitar mirar hacia atrás y observar la majestuosidad de la montaña cuya cumbre acabamos por conquistar, sin perder de vista también el hermoso paisaje del Valle de Tafí y demás montañas cercanas.
Poco a poco y a medida que bajábamos por el sendero nos acercábamos mas y mas a las vertientes de la zona baja del cerro lo que nos permitió poder refrescarnos e hidratarnos con su deliciosa agua, algo que deseábamos hacer.



Al llegar al punto donde inicia el sendero entramos ya por las calles de la villa observando las casas a eso de las 13:30 pm, dejando atrás un cerro imponente el cual nos permitió experimentar sensaciones que son casi indescriptibles, que solo aquel que tuvo la oportunidad de subir un Cerro puede entender. Será tal vez eso lo que aun cuando no dijéramos palabras, mi compañera y yo lo sentíamos, sabiendo que esta aventura había sido única y quedaría grabada en nuestras mentes y corazones. Quedaba solo el regreso a casa el cual seria, claro está, el momento para pensar y meditar sobre nuestro viaje.
Deseo expresar mi gratitud a mi compañera y gran amiga Becky Bermúdez, quien viajo desde Mendoza para sumarse a esta experiencia.




Integrantes:
·        Becky Bermúdez(Caleta Olivia, Provincia de Santa Cruz)
·        Luis Alberto Romero(San Miguel de Tucumán, Provincia de Tucumán)

Luis Alberto Romero.